lunes, 2 de noviembre de 2020

Mi amor gordito

 Tal vez algún día hablemos de esto, aunque es probable que no lo hagamos. Es más, es probable que si me pasa algo, este blog quede pedido en lo más profundo de la nube.

Es probable que yo mismo me olvide que escribí esto, pero lo escribo con una ilusión oculta de olvidarme, pero de que pasado un tiempo prudencial recuerde que alguna vez lo escribí, y quiera volver a leerlo y tal vez leerlo juntos.

Decir que me cambiaste la vida Nina más que una frase hecha es una frase imposible de eludir, porque verdaderamente la cambiaste por completo; y también decirte que con vos conocí el amor verdadero, ese amor que cuentan las películas y del que hablan las canciones también es trillado pero cierto.

Porque a veces simplemente balbuceas. No te reís, no me miras, es probable que ni siquiera seas conciente que estoy en ese espacio, sin embargo te escucho balbucear y siento el corazón adentro del pecho. No es mucho más que eso, pero es una sensación corporal que nace de un balbuceo que no esta dirigido a mi.

Vos te das una idea lo que me pasa cuando me sonreis? Cuando me miras y me decis Papa? Cuando venis corriendo casi con los ojos cerrados y la cara gorda sonriente para que te agrace... ese corazón literalmente se sale del pecho y llega a la garganta que le cierra su paso, y yo quiero llorar de alegría porque ese sentimiento era imposible antes de conocerte.

A veces, me dejo llorar de alegría; pero solo a veces, porque también me gusta quedarme con esa sensación para mi, y no exteriorizarla.

Decis "henan" cuando queres ver algo, cuando pedis algo, cuando nos das algo, cuando no te entendemos, y también cuando te entendemos.

Y nunca vamos a saber porque lo decís, pero a mi me encanta. Porque yo voy a hacer todo eso y más para que vos seas feliz.

Decis "ahí tá" cuando algo te funciona, o queda como vos querés. A veces es cerrar una puerta, a veces poner una cosa arriba de otra, o poner bien una tapita. Te encanta que las cosas  funcionen, se armen, y tenés una precisión envidiable para agarrar cosas chicas, y para ponerlas en equilibrio. Tal vez es lo mas normal del mundo, pero para mi es una genialidad absoluta, porque yo todavía me acuerdo cuando no podías agarra el patito tito de la bañadera.

Siempre seria, muy concentrada en lo que haces, en lo que ves, en lo que pasa. Siempre seria mirando a la gente cuando la vez por primera vez. No lloras, no te reís... la miras seria, hasta que algo te hace empezar a confiar. Todo siempre es muy paulatino.

Te reís sin sonido a veces, y a nosotros nos encanta. Y arrugas la nariz porotito cuando te reís, y yo me derrito y hago todo lo que se me ocurre para que te sigas riendo,

Y también me odias a veces porque soy muy pesado y no puedo parar de darte besos, de apretarte, de acariciarte... porque no me entra tanto amor y me desespero... porque sos amor puro, único, absoluto.

Jugamos con Ruben y a vos te encanta. Ya no sabemos que inventar con Ruben en la cena, pero entre tu mama y yo encontramos algún chiste nuevo. No sabemos si te acordas de los anteriores, pero parece que cada uno te encanta. Y Ruben se rie, camina despacito hasta tu nariz, y te sopla, y vos te tapas, te reís, lo agarrás... me lo das y decis "hana" para que volvamos a hacer algo.

Y también nos haces magia. Lo escondes abajo del mantel y levantas la mano muy despacito mirándonos, en clara alusión a que lo hiciste desaparecer, aunque siempre estas muy atenta y mirando de reojo si sigue abajo del mantel (a veces no lo tapás muy bien). Para nosotros es un truco imposible, y cuando nos preguntamos donde esta Ruben, al mejor estilo Rene Lavand, sin quitarnos la mirada lo encontras debajo del mantel y muy lentamente lo haces visible. Magia auténtica.

Es esta magia la que espero no olvidarme nunca.