sábado, 18 de abril de 2020

Hoy si, finalmente voy a escribir sobre mi viejo. Creo que es porque estoy algo angustiado, no se si por el confinamiento, la realidad social, mi realidad personal, o es una mezcla de excusas para aceptar que estoy angustiado.

Es dificil al menos para mi terminar de entender la diferencia entre deprimido y angustiado. Creo que la angustia se siente en el pecho, mientras que la depresión es una sensación generalizada. Pero no estoy tan seguro. Si me doy cuenta que en este estado me es difícil encontrar alternativas a mi malestar.

Pero como escribí en un principio (a sabiendas que sino iba a ir por otros caminos) hoy quiero escribir de mi viejo. No por nada en especial, porque no pense mucho en el en estos días, ni sentí una conexión especial; pero creo que la angustia me lleva a pensar en el, y añorar esa seguridad (ficticia en la mayoría de los casos) que da un padre. Y el tenia algo que era muy bueno y muy malo. Siempre intentaba resolver todo y a veces no te enterabas de nada, o podías descansar en que algo iba a hacer para ayudarte.

Lo cierto es que a la distancia esa actitud es una de las que más odio de él, pero también una que extraño, porque este tipo de actitudes tienen eso; te dan algo por un bajo costo aparente pero a la larga se transforma en algo irresoluto, difícil de cambiar.

Esto tiene dos caras antagónicas y complejas en si mismo. Es una actitud que daña y corta el crecimiento, el cómo apañárselas ante la adversidad; adquirir herramientas para hacer frente a los problemas, enfrentarlos (generalmente en inferioridad de condiciones), y aprender que a veces se gana, a veces se pierde, pero siempre aprende.

Pero también es una actitud que se adquiere y al menos en mi caso se hace inevitable.

Son esas cosas que requirieron de terapia para hacerse visibles, para entenderlas, aceptarlas, y trabajarlas; porque de nuevo, tienen esta dualidad, el aprendizaje a enfrentar la adversidad por un lado, y el aprendizaje de no hacer lo mismo con tus seres queridos por otro.

Porque en esto hay algo cobarde. Es fea la palabra "cobarde" y más aún para decirla de uno, pero a veces son necesarias para un buen zarandeo, y para entender que si no queremos sentir que somos cobardes, tenemos que hacer algo al respecto, y no esperar a que mi viejo me resuelva esto. Porque la cobardía se aplica a ambas actitudes, en el caso de enfrentarnos a la adversidad desde ya, aceptando que muchas batallas las vamos a perder, y que no es cobarde quien las pierde, sino quien no las pelea. Ahí aparece otro punto. La seguridad, el ser conservador, no deja de tener oculto un dejo de cobardía.

Hago un paréntesis. Cada vez que escribo la palabra "cobarde" (desde ME escribo cobarde) me duele, me resuena en mi interior y me duele, pero estoy en un momento en que también necesito infringirme dolor para sentir que hay algo vivo, que se mueve, que muta y que puede cambiar. Yo hoy me siento un cobarde y aunque automáticamente mi cabeza piensa un sinfín de razones por las cuales no soy un cobarde, yo hoy soy un cobarde.

Porque también hay una fuerte cobardía en intentar resolver problemas de otros sin que se enteren, o entendiendo vagamente que estas intercediendo para resolver algo, porque en esa actitud aparece oculto el miedo a la confrontación, tanto con el problema como con la persona que estas intentando ayudar. Nadie te pidió que ayudes, o que te hagas cargo de algo que no te corresponde. A vos te puede hacer bien y pensarás que sos mejor poersona por hacerlo, pero quien te pidió que lo hagas? Quién te dijo que eso era lo mejor, lo que tenías que hacer, y que te tengo que agradecer por lo que hiciste? (y eso en el caso que me entere). Porqué no me enfrentaste y me dijiste lo que pasaba, y me dejabas a mi decidir que hacer al respecto? Porqué no podemos discutirlo?

Discutir. Que difícil se me hace el discutir. No solo el hecho en si, la discusión consecuente, sino el hecho de tener que discutir, enfrentarme, creyendo que la otra persona me va a querer menos cuando termine la discusión, o que por el hecho de discutir vas a pensar que no tenemos tanto en común, entonces vas a aceptarme un poco menos. Vas a decir "al final no era como yo pensaba este tipo", y me vas a alejar. Vas a dejar de confiar, porque no coincidimos como creía.

Que loco como de una actitud de mi viejo que parte de una angustia ante una coyuntura mundial me doy cuenta porqué no puedo discutir, porque me molesta tanto, y como en el fondo la molestia y el malestar tienen que ver con algo totalmente distinto, que es nuevamente la cobardía. Porque claro, el punto esta ahí, porqué me importa tanto lo que piensa el otro!!

Y ahí de nuevo otro GRAN problema que tengo, que es la importancia que le doy a la mirada del otro. Soy conciente, quiero erradicarla, y sin embargo me encuentro una y otra vez en la misma posición, haciendo cosas con ese único fin, que es el agradar al otro relegando mis deseos, mis ideas, mis objetivos, mis gustos y motivaciones. Osea, soy un COBARDE. Y es tan feo ser cobarde. Y me es tan difícil pensar siquiera en cambiar, y enfrentarme a mi familia, mis amigos y mis fantasmas. Enfrentarme a mi viejo y decirle que no lo haga, que no lo necesito, que quiero darmela contra la pared a ver si me duele, y cuanto me duele si me duele, y como hago para curarme, y cuanto tardo en curarme, y si me deja secuelas, y si esas secuelas se van, o si me acostumbro a vivir con eso, y que si de nuevo se me aparece una pared en frente, hago lo mismo... porque tal vez no me dolió tanto, porque tal vez quedaron secuelas, pero en ese golpe me di cuenta que la pared no era tan dura como pensaba, y con un par de buenos golpes la puedo tirar abajo.

Eso sería un paso para dejar de ser cobarde, y para ser más genuino. Basta de pensar que el otro me va a salvar por aceptar todo y no confrontar. Basta de pensar que el otro es mi viejo y va a hacer algo para que yo no me la de contra la pared. Basta de tener miedo de que me duela cuando me la pegue! No se si me la voy a pegar, en primer lugar, no se si me va a doler en caso que me la pegue, y no se si no me va a gustar ese dolor. Tengo 43 años y es momento de dejar de ser un cobarde. Me da miedo, vuelvo a meterme en mi zona de confort, que cada vez es más pequeña y me asfixia, porque el aire esta enrarecido, no se renueva. Ya no estoy cómodo ahí. Que ironía no estar cómodo en mi zona de confort; pero me cuesta salir. Veo que hay aire y vuelven los temores. Los temores? Que tengo para dar? Que quiero? Como quiero lo que quiero? Quiero lo que quiero? Me creo?

Lo más feo de todo esto es que no se lo que quiero, porque en mi afán de agradar me olvide de quien soy, de que me gusta hacer, de como me gustan las cosas, de lo que disfruto, y de lo que siento que hago bien sin que me importe lo que opinen los demás.

Puedo ser tan cobarde? Si. Puedo dejar de ser un cobarde?

Hoy lo único que puedo decir es que soy un cobarde, y que es momento de dejar de ser un cobarde.

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